La invitación es clara: viajar de forma responsable, respetuosa y
transformadora. El país está más conectado, los destinos más preparados y las
comunidades más activas que nunca. En este nuevo ciclo turístico, el propósito
es hacer del turismo una herramienta ética para el desarrollo territorial, el
cuidado de la vida y la construcción de paz, expresó la ministra de Comercio,
Industria y Turismo, Diana Marcela Morales Rojas.
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| Diana M. Morales MinCIT |
Para esta temporada, se proyecta un gasto turístico de 929 millones de
dólares, que pueden
significar cerca de $25.600 millones de pesos en ingresos por cuenta de
impuesto al turismo, que se traducirá en inversiones dirigidas a consolidar un
turismo competitivo, inclusivo y profundamente comprometido con el bienestar de
las comunidades anfitrionas.
“El turismo trasciende su dimensión económica: constituye una vía para
la reconstrucción simbólica del país, un ejercicio de reencuentro con nuestra
identidad plural, resiliente y profundamente bella. En su despliegue, permite
el reconocimiento del otro, dignifica los saberes y oficios que sostienen la
vida en los territorios y convierte cada desplazamiento en una experiencia de
memoria, de diálogo y de construcción de paz. En el Gobierno del Cambio
concebimos el turismo no como una fuerza extractiva o excluyente, sino como una
apuesta ética por el cuidado: un turismo que protege, que integra y que
honra la diversidad que somos”, afirmó la ministra de Comercio, Industria y
Turismo, Diana Marcela Morales.
Colombia avanza hacia un modelo turístico que:
Respeta los ritmos y saberes
de los territorios.
Reconoce las comunidades como
anfitrionas activas, no como espectadoras.
Defiende los ecosistemas y
promueve prácticas sostenibles.
Construye oportunidades dignas
en zonas rurales, étnicas y ambientalmente sensibles.
Tres formas de vivir a Colombia con sentido
Desde el Ministerio y FONTUR, esta temporada se organiza en torno a tres
grandes experiencias pensadas para viajar con la conciencia despierta y el
corazón abierto.
1. Escapadas
cercanas
A menos de cuatro horas de las grandes ciudades, estos destinos ofrecen
aire limpio, historia viva y paisajes que reconcilian. Honda, Barichara, La
Mesa, Santa Fe de Antioquia… nombres donde caben el descanso, la arquitectura
patrimonial, las caminatas sin afán y los encuentros con lo sencillo, lo bello
y lo necesario. Aquí el turismo es reencuentro con la pausa y la memoria.
2. Destinos
imperdibles
Son los clásicos que siempre vuelven, pero ahora con una mirada
distinta: más comprometida, más humana. San Andrés, con sus siete colores y el
alma raizal que lo sostiene; La Guajira, donde el desierto canta en wayuunaiki
y resiste al olvido; el Pacífico colombiano, ese universo de selva y mar donde
cada año las ballenas yubarta migran miles de kilómetros para dar vida, como si
supieran que este lugar no es cualquier lugar, sino santuario. Estos destinos
exigen un turismo que no solo admire, sino que proteja.
3. Destinos
de temporada
Festival Folclórico Colombiano
– Ibagué (hasta el 30 de junio) Danzas, tiples, gaitas y tambores en una ciudad
que honra su título de Capital Musical de Colombia.
Reinado Nacional del Bambuco –
Neiva (hasta al 30 de junio) Tradición, carrozas y rajaleñas en el corazón del
Huila.
Festival Nacional de la Cumbia
– El Banco, Magdalena (27 al 30 de junio) Donde nació la cumbia, la
música se hereda y la fiesta se respira.
Fiestas del Mar – Santa Marta
(25 al 29 de julio) La bahía más hermosa de América se llena de cultura,
náutica, gastronomía y belleza natural.
Festival Yuruparí de Oro – San
José del Guaviare (28 al 31 de julio) Un canto a la selva profunda, a las
comunidades indígenas y a la diversidad amazónica.
Esta temporada es una oportunidad para elegir el tipo de país que
queremos ser. Viajar por Colombia no puede ser solo un privilegio: debe ser un
acto de cuidado, de reconocimiento mutuo y de esperanza.
La invitación es a recorrer el país con responsabilidad, con amor por lo local y con la certeza de que cada viaje puede ser un paso hacia la paz, la justicia ambiental y la belleza compartida.
Fuente: Prensa MinCIT.




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