Durante el encuentro con el
joven, Juan David, el jefe de estado conoció sus antecedentes y observó
cómo una persona se llena de odio contra los demás, a partir del abandono
familiar ( de sus padres) y de la misma sociedad.
“A veces, los discursos no nacen en los escritorios. A veces, se
escriben para siempre en la piel erizada, en un abrazo inesperado o en un
corazón que late fuerte al lado del tuyo.”
Ese fue el caso del presidente Gustavo Petro el sábado pasado, cuando
antes de subirse a la tarima instalada en la plazoleta de La Alpujarra, en
Medellín, tuvo un encuentro que, según dijo, lo conmovió hasta los huesos: el
de un joven que días antes lo había amenazado de muerte en redes sociales.
Indicó el mandatario: Un día, mientras revisaba las redes sociales, el
presidente encontró un mensaje que llamó su atención. Era de un joven de acento
paisa, al parecer proveniente de las comunas populares de Medellín, de pelo
largo, que decía haber salido del Ejército y que profería una fuerte amenaza en
su contra, al manifestar que donde encontrara a Petro lo iba a matar. De inmediato, el presidente dio una
instrucción: “Miren a ese muchacho a ver dónde está y pregúntenle por qué dice
eso”.
Antes de subir a la tarima de la plazoleta de La Alpujarra, el
presidente y el joven, llamado Juan David, tuvieron un breve encuentro cargado
de simbolismo, al que el mandatario se refirió, minutos después, en el discurso
que pronunció ante los cerca de diez mil asistentes al acto.
Tras referirse al impacto que le produjo la amenaza de muerte proferida
en las redes, el presidente Petro expresó: “Yo hubiera podido tener la opción
de denunciarlo y de que se fuera a una cárcel, donde quizás a Juan David lo
matarían en esas cárceles, que sabemos cómo son. Quizás no tendría más vida,
más oportunidades. La muerte acecha por todos lados. Decidí que, mejor,
habláramos con él aquí atrás”.
“Él venía con un tío o alguien, un familiar –narró el presidente a continuación–. Estaba asustado, porque no sabía qué le esperaba. Y hablamos. Solo le pregunté por qué tanta rabia si yo no le había hecho ningún daño. Y algo me dijo, pero estaba llorando. Y me pidió perdón por lo hecho, que no sabía por qué, porque tenía algún problema en la cabeza”.
En este punto, el mandatario describió el intenso momento del abrazo,
del perdón y la reconciliación: “Yo decidí que mi respuesta no podía ser sino
abrazarlo, darle un beso en la cabeza, desearle la mejor de las suertes. Sentí
su corazón latiendo al lado de mi pecho. Las energías que siempre que se
acaricia, que siempre que se toca al ser humano, se sienten cómo se transmiten.
Es una comunicación diferente, no es de palabras”.
“Juan David fue abandonado por sus padres, tiene apenas veinte años. Y
tenía lleno de odio su corazón. Espero que ahora lo llene de amor y sobreviva
en este mundo”, manifestó el presidente Petro, emocionado, durante el acto de
La Alpujarra, en el que precisamente se buscaba avanzar en el esfuerzo por
brindar una oportunidad de vida para las y los jóvenes de las comunas, azotados
por la violencia de tiempo atrás.
Esa tarde, entre arengas y discursos por la paz, quedó marcado en la
memoria de los más de 10.000 asistentes ese hecho que pasó detrás desde la
tarima: la posibilidad de que una amenaza termine en perdón. Y que, por un
instante, el corazón de un país innecesariamente dividido lata en el pecho de
quienes se atreven a mirar al otro sin miedo.
(Fin/fca/cpq)
Fuente: Prensa Presidencia de Colombia.



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